Eso parece ser siempre la intención de cualquier órgano legislativo. En el caso concreto del vino se podría decir que en realidad actual a nivel mundial, es que se trata de un campo vallado con unas grandes puertas abiertas. Según comenta Andrew Jefford en Decanter, en las próximas semanas la UE publicará el reglamento sobre vinos orgánicos en la que lleva trabajando algún tiempo. Es un interesante artículo (me gustaría saber quien le hace el “ Fairtrade Chilean Sauvignon Blanc Riserva” a la cadena de supermercados Co-operative) , y comparto con el autor la mayor parte de sus opiniones aunque con algunos matices.
La realidad es que las legislaciones locales en los países occidentales siguen tratando el vino (y las bebidas alcohólicas en general) como una categoría especial de “alimentos”, donde el productor no tiene necesidad de indicar los ingredientes que lo componen. Jefford no cree que la inclusión en la etiqueta de los aditivos empleados en la bodega cambie la percepción del público. No estoy de acuerdo con ello, en la medida en que es evidente que los hábitos de consumo de ciertos productos se han visto modificado a raíz de la inclusión de información sobre su composición en el etiquetado. El mejor ejemplo sin duda es el de los alimentos que contienen ingradientes transgénicos. Sin duda, el hecho de saber por ejemplo que a un vino se le ha añadido acido tartárico para modificar su acidez, permitiría a los usuarios tomar una decisión más informada y obligaría a los productores a modificar ciertas prácticas.
En el caso concreto de los vinos orgánicos la nueva legislación parece un buen “primer intento”.Lamentablemente, además de no legislar el etiquetado, si no que deja en gran medida en manos de la buena voluntad de los productores el empleo de técnicas más o menos amigables con el viñedo, el mosto y el vino antes de ser embotellado. Esto es una puerta abierta de par en par para productores que únicamente desean añadir a sus etiquetas elcalificativo de “orgánico” por razones meramente “marketinianas”.
No olvidemos en cualquier caso, que como ya he comentado, el vino es un “alimento” y que los estados sienten la obligación de “proteger” (se diría más bien sobreproteger) a sus ciudadanos (por ejemplo,en general, no permiten el empleo de leche no pasteurizada para la manufactura de quesos). Esperemos que esta tendencia no imponga límites artificiales a la producción de vinos y que las posible modificaciones a al nueva reglamentación solamente regulen las condiciones mínimas de salubridad de los vinos, dejando las cuestiones de estilística y filosofía de producción a los vinateros, y las de decisiones de compra a clientes cada vez mejor informados.
